En las barracas militares, los soldados juegan al bacará y a las apuestas deportivas desde sus smartphones, acumulando deudas que luego intentan cubrir estafando a sus compañeros. El juego, iniciado a menudo en la adolescencia, persiste tras el alistamiento y se convierte en una carga financiera que perdura incluso después de licenciarse.

 

Según la investigación de Tatata Journal, los fallos judiciales y estudios de los últimos años revelan que el juego ilegal en los cuarteles ha dejado de ser un problema financiero individual para convertirse en una amenaza a la confianza entre compañeros y a la vida militar.

 

Con el aumento de los salarios militares y el uso permitido de teléfonos móviles tras el horario laboral, los expertos señalan la urgencia de fortalecer los sistemas de protección para bloquear el acceso a sitios ilegales y detectar grupos de riesgo tempranamente.

 

No obstante, no se debe atribuir el problema únicamente al aumento salarial o al uso del móvil; es necesario analizar factores como la experiencia previa al ingreso, las relaciones sociales, el estrés y las tácticas de captación de los sitios ilegales.

 

◇ 387 apuestas en la barraca: la realidad de la reincidencia

 

Un informe del 29 de octubre reveló que un joven de 20 años fue condenado a una multa de 3 millones de wones por apostar repetidamente en sitios ilegales durante su servicio militar.

 

El individuo, que servía en la Policía Militar de la Armada, realizó 387 apuestas por un total de 31,22 millones de wones entre noviembre de 2024 y enero de 2025, utilizando su móvil personal en la barraca para apostar en deportes y bacará.

 

En otros casos, la necesidad de fondos ha derivado en delitos contra compañeros. Un soldado de la Fuerza Aérea fue condenado a 2 años de prisión (suspendida por 4 años) por falsificación de documentos y fraude, tras pedir prestados 9,56 millones de wones a unos 270 compañeros sin devolverlos.

 

Estos incidentes demuestran que el juego en el cuartel no es solo curiosidad, sino una espiral de apuestas, transacciones financieras y delitos adicionales.

 

◇ "El juego iniciado en la juventud no se detiene al alistarse"

 

El problema del juego militar no puede entenderse solo observando el periodo de servicio. Según un informe del Ministerio de Defensa, cerca del 80% de los soldados investigados por juego ilegal ya tenían experiencia previa antes de ingresar.

 

Entre 2021 y 2025, se reportaron 1.721 casos de apuestas cibernéticas solo en el Ejército de Tierra. El punto clave es que la red de prevención entre la escuela y el ejército no debe romperse; si un joven ya tenía problemas de deudas por juego, el cambio de entorno no garantiza su desaparición.

 

◇ Apuesta promedio de 1,86 millones de wones

 

Un estudio citado en agosto indicó que la apuesta mensual promedio de los jugadores es de 1,86 millones de wones. El 64,2% utiliza su salario militar para financiar estas apuestas. Aunque la cifra incluye a varios rangos, es alarmante ver cómo se comprometen ahorros y préstamos personales, poniendo en riesgo el futuro financiero tras el licenciamiento.

 

◇ ¿Ha mejorado el sistema de protección junto con el salario?

 

El aumento salarial busca la independencia económica, pero requiere una educación financiera acorde. La Comisión de Servicios Financieros advirtió que, al aumentar los activos gestionados por los soldados, también aumenta la exposición a inversiones de alto riesgo y préstamos usureros.

 

◇ El móvil es el canal; limitar el tiempo no basta

 

El uso del móvil en el cuartel está regulado, pero el acceso a sitios ilegales persiste. Se necesitan medidas complementarias: educación para identificar publicidad engañosa, bloqueo de captación entre pares y derivación a asesoramiento profesional.

 

◇ El miedo al castigo retrasa la recuperación

 

Los expertos sugieren que, si solo se enfoca en el castigo, los soldados ocultarán el problema. Es necesario implementar programas de autodenuncia que prioricen la rehabilitación y el tratamiento profesional, asegurando que el apoyo continúe incluso después de terminar el servicio militar.

 

El salario es el capital para el futuro de los jóvenes soldados. Si ese dinero fluye hacia sitios ilegales, el sistema de protección militar debe cuestionarse si está cumpliendo su función de salvaguardar a quienes sirven al país.